top of page

De la emergencia a la normalidad: el aporte (controvertido) del Fujishock

El presente artículo de opinión analiza el “Fujishock” de 1990 desde una doble perspectiva -económica y jurídica- y parte de la premisa de que en la evaluación del Shock se debe separar la técnica de la estabilización financiera de la valoración política del fujimorismo. Ante una hiperinflación desbocada, déficit fiscal y colapso sectorial, el Ejecutivo aplicó medidas drásticas (eliminación de subsidios, liberalización de precios, devaluación y ajuste fiscal) amparadas en facultades presidenciales frente a la emergencia. Desde la economía, la acción era estrictamente necesaria para restaurar reservas, reducir la inflación y recuperar expectativas, lo que permitió la posterior recuperación del ingreso per cápita.


Desde el derecho, sin embargo, la legitimidad exigía respeto a la legalidad, proporcionalidad y protección social, aspectos que se mostraron deficitarios en la implementación pero, a partir de ese momento, formalizandose a través de las políticas del Acuerdo Nacional en 2002. Los efectos positivos (estabilización macro y apertura de espacio para crecimiento) convivieron con costos sociales inmediatos (salto de precios, pobreza temporal y falta de redes de protección). 


La conclusión sostiene que, aunque el Fujishock implicó sacrificios elevados y no exime a sus responsables de críticas políticas y legales, fue, dadas las circunstancias, una medida inevitable para evitar un desastre económico mayor; la lección a futuro gira en torno al acompañar ajustes financieros con mecanismos jurídicos y económicos que reduzcan su impacto, en el posible caso de otra hiperinflación, claro.

Inicio de un temblor constante: ¿Error político o medicina necesaria?


Hace más de 35 años, las medidas económicas/financieras “Fujishock”  -aplicadas por el exmandatario Alberto Fujimori en conjunto con asesores pertenecientes al Ejecutivo- marcaron un hito en la economía peruana. La narrativa dominante ahora mismo, en ciertos círculos, las presentan como la única antesala a posteriores abusos autoritarios y de reformas negativas; sin embargo, una lectura más profunda nos exige separar medidas económicas de la valoración política del fujimorismo. A fin de reconocer el ¿Por qué? ¿Por qué incumplir una promesa y no optar por medios no perjudiciales?


Así, esta nota de opinión, ve imprescindible evaluar estas medidas desde –obviamente– la economía pero también considerando dotes jurídicos: esta mirada dual permitirá reconocer la naturaleza amenazante de la economía y, al mismo tiempo, entender por qué una intervención macro se justifica, jurídicamente, como política pública ante un Estado de emergencia. Analizando tanto pros como contras para poder llegar a una conclusión asertiva de lo que para muchos fue un vil aprovechamiento popular para ganar las elecciones del 90.

Cuando promesas y realidades chocan: el Fujishock de 1990


Entre colapsos y normativas: para agosto de 1990, el gobierno de Fujimori implementó un conjunto de medidas económicas que terminarían en un Shock económico (un conjunto de políticas financieras que desestabilizarían la economía peruana) a fin de erradicar el desborde hiperinflacionario de más del 7000% (BCR: 1990, p.19) (2), uno que irónicamente había prometido como un mal innecesario durante su pandemonium político. Sin embargo, a pesar del mal augurio de estas medidas, surge la duda sobre si estas eran medicina necesaria para un Perú que se estaba muriendo ante el cáncer de la hiperinflación de García, lo que, al parecer, nada más que un descaro ante la población que había guardado falsas esperanzas a Fujimori y su promesa de “No al Shock”.


Bueno, según la memoria del BCR, para 1990 ya habíamos llegado casi al punto muerto: un déficit fiscal (un Estado que egresa más que ingresa) + hiperinflación (crecimiento rápido y descontrolado en todos los precios) y caos absoluto en la mayoría de los sectores económicos del Perú (agro, pesquero, minero, etc.) (1990: pp. 9-26) (3). Además, constitucionalmente, bajo el art. 118, inciso 19, es que le corresponde al Presidente de la República dictar medidas extraordinarias en materia económica y financiera, cuando así lo requiere el interés nacional claro. 


En este caso el interés nacional era más que obvio: terminar con el desborde hiperinflacionario que, aunque escondido detrás del telar, también se ramificaba en un mal aparte: la economía informal. Concorde a lo expuesto, se podría decir que estábamos casi con un pie en la tumba pero que existían las herramientas para poder terminar con este mal; la cuestión es ¿Cuáles serían las consecuencias de aplicarlas? Y, también, ¿Eran totalmente necesarias? 

Las heridas del Shock: pobreza, indignación y vacío


No pretendo ir con pelos en la lengua, comenzaré con los desperfectos de las medidas (grandes, diversas e iguales para todos), ¿Qué tienen en común Toledo, Humala, Castillo, Dina y, nuestro protagonista, Fujimori? Les diré: son sociales confusos que tienden a creerse cívicos. Gracias a ellos, Fujimori, en su calidad de populista, sería una persona que saltó al vacío, sobreviviría y lo usaría como excusa para su despegue mafioso y autócrata (Secada: 2025) (6). Pero ¿A qué me refiero con que saltó al vacío? Las medidas que darían nacimiento al “Fujishock” no estaban para nada planeadas por él. Como ya es sabido, su equipo de asesores y, sobre todo, su Ministro de Economía: Hurtado Miller serían quienes lo harían “recapacitar” y, después de muchas reuniones, finalmente decidiría aplicar un paquete extremo de reformas. Las cuales serían: 


  1. Eliminación de subsidios a productos básicos como el combustible y los alimentos, lo que generó un aumento drástico de precios. Por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó un 3,000% de un día para otro.


  1. Liberalización del mercado y eliminación del control de precios.


  1. Devaluación del Sol, permitiendo que el tipo de cambio se fijara libremente:mercado. 


  1. Reestructuración fiscal, implicando a la reducción del gasto público.


Bajo esas premisas, el impacto inicial de estas medidas (Fujishock) sería devastador para la población, cito de Redacción CB: “Los precios de los alimentos y servicios básicos se dispararon, y miles de familias vieron cómo su poder adquisitivo se desplomaba. La pobreza se agudizó, y la indignación social creció (2024) (5). El “Fujishock” sin duda marcó toda una década en la economía peruana: aunque impopular y doloroso en el corto plazo, permitiría sentar las bases de un nuevo país a través de la erradicación de la hiperinflación. Como dice el dicho popular: “No hay victoria sin sacrificio” Personalmente, en torno al bienestar poblacional, no considero que la economía sea un punto aparte de él, sino que van de la mano. Decir que se antepuso la economía por sobre la población es un sinsentido por dónde quiera que se le escuche; pues anteponerla a ella, significa anteponer a la población por sobre todo.

Lo bueno detrás del Shock: De hiperinflación a esperanza neta


¿Siquiera existe lo “bueno” en el Shock económico del 90`? Bueno, debe tener una razón de ser. Ahora, como mencioné en el punto anterior, se logró erradicar la hiperinflación a los meses de las medidas reformistas. Sin embargo, desde el derecho, factores de legalidad, proporcionalidad y protección social no serían tomados muy en cuenta. Por lo mismo, para enero del 2002, las 35 políticas del Acuerdo Nacional nacerían a fin de afrontar todas las problemáticas que atravesaría el Perú durante las décadas del 80`y 90`. Sin embargo, volviendo al Shock, hay más detrás, ya que, acorde al Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES), el rebrote de la economía sería tardado (de un par de meses) pero no imposible. Aun así, como es costumbre, carecíamos de un equipo eficiente que se encargara del manejo del “Fujishock” a largo plazo (hacia 1992) . Así, cito del boletín de Julio Velarde (4):


¿Podríamos decir, entonces, que se logró el objetivo final? Sí, solo que el caso peruano siempre ha sido particular en la gestión de medidas tanto económicas como sociales como de cualquier índole. Se terminó la hiperinflación y logramos cambiar la perspectiva paupérrima que se tenía del Perú a escala regional y mundial (BID y BM respectivamente). Pero ojo, eso no es todo, Thorp y Zevallos muestran que, a pesar de que el PBI alcanzó su pique más bajo en 1992, desde ese punto comenzaría un despegue del ingreso per cápita, al menos hasta finales de la década del fujimorismo (2001: p. 21) (7). Esto, como una muestra más de que el “Fujishock” fue radical e inmediato, sí, pero con buenas consecuencias a mediano y largo plazo: un Perú tecnócrata que, subjetivo a la mirada de muchos, haría bien las cosas por un tiempo.  

Balance final: entre la inevitabilidad y la culpa


El agente del daño es culpable de negligencia si el coste de los daños causados por el accidente (CA) multiplicado por la probabilidad de que el accidente ocurra (PA) excede el coste de las preocupaciones que dicho agente podría haber adoptado para impedir la producción del siniestro (CP); en una fórmula quedaría expresado así: (CA x PA) > CP. 


En fin, qué diablos tiene que ver una fórmula con el accionar “maligno” de Fujimori, se preguntarán. Sucede que, efectivamente, hablamos de un Fujimori que –por acciones de todo su decenio– se encuentra culpable pero que, sin embargo, en el contexto de las reformas económicas, no lo es bajo la aplicación de la fórmula que, según Atienza, une a la economía y al derecho en la búsqueda de culpables (2001: pp. 138-139) (1). La economía no va a las necesidades preferenciales y armónicas del hombre (qué paraíso sería la vida entonces) sino que presenta necesidades propias, necesidades que también son las de la sociedad en su conjunto. Que, en este caso, primaban en la erradicación de la hiperinflación bajo cualquier costo.


El accionar tanto de Fujimori como de su Ejecutivo no fue por querer hacerle un mal a la población peruana, sino todo lo contrario, arreglar lo que rogaba ser arreglado para la protección y salvación de la misma (Economía=Población). Bajo esa premisa, tampoco tendría sentido relacionar la primera promesa rota de Fujimori con su accionar consecuente, pues son materias muy distintas. El Shock económico fueron medidas financieras que sí o sí debían suceder, no habían vías de escape como sí las podrían tener situaciones de conflicto social o gubernamentales.

En suma, se analizó el contexto general del por qué se dió el Shock económico de 1990. Desde la economía, también se evaluaron algunos pros y contras (desde una generalización clara) en vista a la población del Perú. Todo ello para llegar a esta síntesis que, más que otra cosa, pretende separar al “Fujishock” de, como se cree popularmente, la idea egoísta de un político sin escrúpulos para enfrentar la hiperinflación que pudo haber sido reemplazada por ajustes graduales. El Shock era necesario por donde quiera que se le viese, el país se encontraba en la pura ruina y era la única forma de regresar a la “normalidad” antes de que fuese muy tarde.

Ahora bien, como persona natural, no soy partidario ni de Fujimori (a quien considero, además, un mafioso, narco y corrupto de alta base), ni de optar por las decisiones más radicales. Ergo, ante los momentos más difíciles, debemos ser firmes para hacer lo correcto y renunciar a aquello que más queremos…hasta nuestros sueños: la primera promesa rota de Fujimori (el “Fujishock”) sería el sueño roto de un político que pretendía hacer las cosas bien al principio pero que, lamentablemente, sería superado rápidamente por su entorno (burócratas y corruptos) y el contexto (crisis económica) a su alrededor. Entonces, bajo todas las premisas expuestas, podemos llegar a la conclusión final de que, sí, el “Fujishock” era estrictamente necesario para salvar a la población y, en sí mismo, al Perú, a costa de la confianza de la sociedad para con su gobierno.

Bibliografía


  1. Atienza, M. (2001). Derecho y Poder. En, El sentido del Derecho (pp. 115–143).


  1. Banco Central de Reserva del Perú. (1990a). Memoria 1990 — Tomo 1. https://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Memoria/1990/Memoria-BCRP-1990-1.pdf


  1. Banco Central de Reserva del Perú. (1990b). Memoria 1990 — Tomo 3. https://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Memoria/1990/Memoria-BCRP-1990-3.pdf



  1. Cuaderno Borrador. (2024, 11 de septiembre). El Fujishock: la receta drástica que cambió la economía peruana. https://cuadernoborrador.com/2024/09/11/el-fujishock-la-receta-drastica-que-cambio-la-economia-peruana/


  1. Secada, P. [@psecadae]. (4/6/25). [Lo que tenemos en común]. X. https://x.com/psecadae/status/1941218098931171612


  1. Thorp, R y Zevallos, G (2001) Las políticas económicas del régimen de Fujimori: ¿un retorno al pasado?. Economía, 24(47), pp. 9-42. Lima. PUCP https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/economia/article/view/1162/1125


 
 
 

Comentarios


CONTÁCTANOS

Gracias por escribirnos!

bottom of page