Venezuela en Limbo: el hito que dejó más preguntas que respuestas (discordia en la caída del régimen chavista: segunda parte)
- Sebastián Wong

- 2 feb
- 12 Min. de lectura
¿Qué pasa? ¿Abstract?
Disclaimer: Esta nota de opinión (investigación) no culmina definitivamente con su conclusión, sino que da rienda suelta a que, de ella, surjan nuevas que analicen el contexto sociopolítico/económico de nuestro país vecino de manera más profunda.
Han pasado ya varios días desde el ataque en Caracas y con ello no hicieron falta nuevos eventos que ponen en tela de juicio la democracia en Venezuela, el limbo en el que se encuentra: además, estos no dejan de ser, también, una serie de eventos que modifican la relación de Estados Unidos con América Latina y que son, por tanto, de suma importancia para nosotros, como sociedad peruana (somos el segundo país con mayor injerencia venezolana). Pues el debate en toda la región y, posiblemente, el mundo entero, no es de esperar. Aquellos a favor de un Estados Unidos legítimo y salvado y aquellos, en contra, que proclaman este hito histórico como una victoria más ante el imperialismo americano.
Primero, Trump expuso lo siguiente: “Venezuela nos entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo; tanto en beneficio del pueblo americano como del venezolano”. Se explicará cómo esta “falla” de retórica provocó, nuevamente, un debate hostil en Latinoamérica y, de ello, también la verdadera intención estadounidense (Neo doctrina Monroe), desde una perspectiva económica y jurídica (contable), para con la captura de Nicolás Maduro y la visión petrolera que tienen planeada ejecutar.

Luego, se tomará como punto la condición de la realidad social venezolana actual (rsv). ¿De verdad la captura de Maduro significa un retorno a la democracia? Por qué entonces los prisioneros políticos (por protestar y mostrar una opinión al régimen chavista) siguen encarcelados. ¿Por qué Delcy Rodríguez mandó a capturar a quien le juró lealtad eterna a Maduro? y, medularmente, ¿Cómo se está gestionando el país ahora que Delcy tiene el poder y Trump, mientras, mira atentamente desde un costado?
Estas preguntas intentarán ser respondidas en base a la fuente política/social y económica que exista para la fecha de publicación de esta nota de opinión. Se cerrará, así, con una reflexión final respecto a si, tras la inmensa insistencia de nuestro país y muchos otros, de verdad la población venezolana refugiada en diferentes lugares de Latinoamérica tiene un lugar a dónde volver y, sobre todo, de poder llamar hogar.
El día de la liberación, el día de la invasión ¿Acaso importa? (Contexto)
A modo de contexto, lo sucedido fue lo siguiente: en la madrugada del 3 de enero de 2026 la Delta Force de EE. UU. capturó a Nicolás Maduro tras más de 20 años de gobierno autoritario en Venezuela, acción que generó un intenso debate internacional sobre sus motivos y consecuencias (MVS Noticias, 2026). Así, una postura crítica –resumida bajo el lema “Yankee Go Home”-- interpreta la intervención como una muestra de intereses geopolíticos y económicos estadounidenses en la región. De modo tal que, quienes defienden la operación, sostienen que, dadas las violaciones sistemáticas a derechos humanos y la alineación del régimen con potencias como Rusia, Cuba, Irán y China, la acción puede verse como una intervención contra una dictadura que quebrantó la soberanía real del pueblo venezolano (Holfman, 2026; MVS Noticias, 2026). Recordando, pues, que desde la tela de juicio del derecho internacional, la legislación en conflicto es, en práctica, el numeral 1 y cuarto del artículo dos de la Carta de las Naciones Unidas:


Artículo 2 (Carta de las Naciones Unidas respecto al derecho internacional: primeros cuatro numerales)
Para la realización de los Propósitos consignados en el Artículo 1, la Organización y sus Miembros procederán de acuerdo con los siguientes Principios:
La Organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros (¿Venezuela era una nación soberana?).
Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas (¿Se puede vulnerar la independencia política de un país ya dependiente de otros en ese campo?).
Ahora bien, desde un ángulo económico y social, se propone que la intervención abre la posibilidad de recuperación y mejora de la calidad de vida en Venezuela: datos históricos muestran que la renta per cápita venezolana se estancó desde los años 70 y cayó drásticamente desde la década de 2010, periodo coincidente con el auge chavista, lo que refuta la narrativa de que la prosperidad fue bloqueada únicamente por intereses extranjeros (Banco Mundial, 2024; Fernández Méndez, 2026). Chávez y Hausmann, entonces, mencionan que con políticas sensatas y gestión responsable –como modelos de Noruega o ejemplos urbanos– Venezuela podría aprovechar sus recursos para bienestar sostenido, lo cual se ve impedido hoy día por el deteriorado estado de su fuente principal: Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA) (Hausmann, 2026; Chávez, 2026). Mismo del que se hablará más adelante con respecto a los intereses detrás de esta.

Finalmente, de ambas posturas, nace la mediadora y la que, desde mi punto de vista, debe primar de entre las otras dos: la reacción popular, tanto dentro como fuera del país venezolano, ha sido mayoritariamente de alivio y celebración por parte de comunidades venezolanas, lo que según varios medios sugiere que la percepción dominante entre los afectados es de esperanza (por una Venezuela mejor, un lugar al cual regresar para poder rehacer sus vidas) y no de invasión destructiva imperialista (La República; El Comercio; Expreso; Gestión citados en MVS Noticias, 2026; Noticias Mega, 2026; Andina, 2026; Facebook, 2026). En suma, el caso plantea un dilema entre la condena al intervencionismo estadounidense y la prioridad por la protección de poblaciones sometidas a regímenes autoritarios, invitando a reflexionar sobre cuándo y cómo el derecho internacional debe ajustarse frente a urgencias humanitarias y democráticas…Es de este contexto regional (Latam) que podemos empezar a entender lo que sucede ahora mismo con la situación de Venezuela y su siniestra relación con Estados Unidos en base a los hechos más recientes.

¿Error de retórica? Efectos de la resurrección de Monroe
¿Los muertos hablan? No, no es así, al menos por ahora…¿A qué nos referimos entonces al decir que Trump se enfoca en la neo doctrina Monroe? Si el último murió hace más de 190 años. Sucede, pues, que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acorde a la BBC, interpretó la doctrina de James Monroe como la muestra hegemónica total de Estados Unidos en todo el continente americano (norte, centro y sur). Lo que se intensifica al analizar lo expuesto por el propio Trump: “Venezuela nos entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo; tanto en beneficio del pueblo americano como del venezolano”. Pues, así, lo más lógico sería pensar que, desde sus orígenes, Estados Unidos quiso conquistar y dominar todo el hemisferio (nada más alejado de la realidad) La doctrina Monroe, nacida en 1823, de la mano de James Monroe, estableció, más bien, que ninguna potencia europea debía intervenir o colonizar nuevamente en América, bajo la consigna de “América para los americanos”. Surgió en el contexto de las independencias latinoamericanas y del temor a que Europa intentara restaurar su dominio colonial.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la doctrina fue reinterpretada y ampliada. En 1904, el Corolario Roosevelt, impulsado por Theodore Roosevelt, justificó la intervención directa de Estados Unidos en América Latina para evitar la presencia europea. Tal como el escenario venezolano actual. Así, acorde a Ortiz, la Doctrina Monroe pasó de ser un principio anti imperial europeo a convertirse en una herramienta de hegemonía estadounidense, profundamente influyente, y controvertida, en la historia política del continente.
Con ello, podemos concluir que, en su planteamiento original, según el mismo autor, la doctrina prometía una separación de esferas: Europa se mantendría fuera del continente americano y Estados Unidos no intervendría en los asuntos europeos (Ortiz, 2026). Sin embargo, aunque se presentó como una política defensiva, desde temprano colocó a Estados Unidos como garante del orden en el hemisferio occidental, aun cuando en ese momento no contaba con el poder militar suficiente para imponer por sí solo.

Gráfica 2: Paradoja estructural-tragedia PDVSA (IPE, 2026)
Considerando, entonces, la visión hegemónica de la doctrina (desde sus inicios), podemos analizar lo que quiso decir Trump con que “Venezuela les entregará 50 millones de barriles de petróleo” y que “Estados Unidos dirigiría el país hasta que este pueda hacerlo por sí solo”. Desde un inicio era evidente que Trump no estaba interesado en nada más que en la libertad democrática de Venezuela; debía haber algo más de por medio. Un juego donde ambas partes ganan (50/50). Ese “algo” es el petróleo venezolano: según el Instituto Peruano de Economía, es Venezuela el país que presenta las mayores reservas de petróleo crudo en el mundo pero que, sin embargo, a pesar de contar con las mayores reservas, ¡Venezuela aporta nada más que una fracción de los cerca de 80 MILLONES de barriles que se producen a nivel global!
¿Por qué se da esta paradoja? ¿Por qué Estados Unidos, entonces, se encuentra tan enfocado en reformar la gestión del petróleo venezolano? Se vuelven las preguntas centrales: Esta tragedia y esta reforma tienen nombre y fin (mismo que se vio trunco ya hace mucho tiempo). Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA) la mayor y mejor industria de petróleo de nuestro país vecino, que tras la entrada del chavismo, cayó tanto en producción como en forma a nivel internacional… Un destino fatal, que será expuesto en el siguiente apartado.
El regreso del maestro: intenciones siniestras sobre la posible privatización obligatoria de PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A)
Hablemos un poco de la situación económica de Venezuela a nivel internacional: según una columna de Oxford Economics, Venezuela enfrenta una de las crisis soberanas más grandes y, lamentablemente, prolongadas del mundo. Y es que con una estimación de deuda externa total de entre US$150 000 y US$170 000 millones, que incluye bonos en default desde 2017, préstamos bilaterales, laudos arbitrales por expropiaciones pero, sobre todo, obligaciones negadas y/o violadas en la empresa petrolera más grande de Venezuela (en el periodo pre-chavismo, por supuesto), Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA). El cual, en este contexto de debate entre liberación o intereses es sumamente relevante en vistas de que sí existe una deuda formal de PDVSA para con Estados Unidos. La oportunidad, entonces, de aplicar el 50/50 (tú ganas, yo gano), palpita con más fuerza al saber este dato…

Siguiendo esa línea, las proyecciones del Oxford Economics, citadas por Bloomberg Línea, indican que, en base a lo expuesto, la deuda externa de Venezuela equivale actualmente al 193% del PBI. Entonces, con un PBI máximo de US$80 000 a US$83 000 millones, esta carga limita severamente la capacidad de pago del país y, en ese sentido, su acceso al financiamiento internacional. Venezuela queda a merced de los lobos, vulnerable económica y, en paralelo, políticamente. ¿Por qué políticamente? Analicemos, con la expansión de la doctrina Monroe y la subordinación de la presidenta actual, Delcy Rodríguez (irónicamente cercana al capturado ex mandatario Nicolás Maduro), no hay muchas opciones para Venezuela si es que preservar la paz con la potencia americana es lo que desean. No van a salvar a nadie, van a reclamar lo que les deben mientras que les ponen un ojo encima.

Así, en base a estos dos factores, el interés americano por resucitar PDVSA se encuentra más que justificado; a fin de, como debe ser, reorganizar y generar el petróleo suficiente para saldar la deuda pendiente. Mientras la cortina de humo del nuevo Monroe por “liberar totalmente a Venezuela continúa”. Pero eso no es todo, como tesina final, según Garzón, el día que Estado Unidos secuestró a Maduro, las empresas de refino de Estados Unidos subieron en bolsa hasta un 10%, mientras que las canadienses perdieron hasta un 6%. El mercado descontaba algo evidente: Estados Unidos iba a sustituir las importaciones de petróleo pesado de Canadá por las de Venezuela (que ahora considera suyas). De modo tal que, por supuesto, las empresas canadienses fueron las principales beneficiadas cuando se realizaron los bloqueos a Venezuela en el 2017. Ahora Canadá intenta rehacer su mercado –de manera significativa mediante la diplomacia del Estado– y reconstruir las relaciones comerciales.
Sabiendo, entonces, del foco de interés americano, echémosle un vistazo a la realidad social venezolana que, cual explosión de volcán, recibió una chispa de esperanza que, tan fuerte como vino, rápida se fue también. ¿Qué será del pueblo venezolano en esta interesada luna de miel entre Donald Trump y Delcy Rodríguez? ¿Hubo algún cambio? Por mínimo que fuese, para que nuestros hermanos y hermanas tengan un lugar al cual regresar, al cual llamar hogar. O, en su defecto, ¿Aquellas razones para el pesimismo crónico en Venezuela persisten?
Razones para el pesimismo crónico en Venezuela: (RSV) versión extendida
El pesimismo crónico, un síntoma que aqueja, aquejó y aquejará, si no hacemos algo al respecto, a nuestro país vecino. Ante los grandes problemas de Venezuela, es normal que su ciudadanía sienta desconfianza, miedo y desmotivación constante; creer que cualquier día de estos serás una víctima más –de la siniestra mafia política: Cártel de los Soles– en la portada de alguno de sus diarios es una idea que habita más y más en la mente del venezolano promedio. Ante ello, no, la captura de Maduro no significa un retorno a la estabilidad democrática, al menos aún no, no mientras se tiene una sociedad que sufre por la injusticia de más de dos décadas de represión chavista.
Pues…según una columna de opinión del diario El País, la respuesta de Trump hacia una dolida sociedad venezolana es incómoda pero evidente: la transición hacia la democracia y a la forma republicana de gobierno no forma parte del plan de Trump, al menos en el corto plazo; el criterio en este contexto es, pues, no sobre quién representa mejor a los venezolanos, sino sobre quién sirve mejor a Washington. De ahí que la exclusión de Edmundo González (presidente democrático de Venezuela) y María Corina Machado (líder opositora, representante de la sociedad venezolana) no sea una cuestión de prudencia temporal. De hecho, la comunidad jurídica internacional –desde la ONU a la Unión Europea– no puede aceptar que algo así haya acontecido: Maduro no, pero Delcy sí; petróleo sí, democracia no; la oposición ganó, pero ahora estorba…¿El desenlace? Una realidad social venezolana con el pesimismo crónico de siempre…

No hace falta ver más lejos de un libro de historia para tener conocimiento sobre cómo es la realidad social en Venezuela: no existe la libertad de expresión, se castiga todo acto de inflexión al régimen y, sobre todo, no se sostiene la forma republicana de gobierno. En conjunto, todos estos factores se concentran en la falta de democracia y derechos humanos en Venezuela. Escenarios que, regional e internacionalmente, son condiciones suficientes para que un país (1) no sea soberano y (2) haga que su Constitución pierda total valor. La clara muestra de ello es la STC Nº14-2002 del Tribunal Constitucional de nuestro país. Mismo que, por los artículos 53-55 de nuestra Constitución, es aprobado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), lo que legitima estos dos carácteres no sólo en estos dos países, sino una norma para toda la región, el continente americano. Así, una nación que no respeta ni vela por los derechos fundamentales ni la forma democrática de gobierno, ¿Cómo se puede esperar que la población venezolana no tenga las razones necesarias para preservar un pesimismo crónico?
El demonio inmortal: Cártel de los Soles (el futuro de la red corrupta interna)
Asimismo, desde la captura y traslado a Estados Unidos de Nicolás Maduro el 3 de enero de este año, Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada y atraviesa una etapa de estrecha colaboración con la administración de Donald Trump, que la elogió públicamente. A cambio, Rodríguez aceptó compromisos económicos inmediatos —envío de crudo, reforma de la Ley de Hidrocarburos para el regreso de empresas petroleras y la promesa de atraer inversiones por hasta 500.000 millones de dólares— y plazos políticos concretos (100 días para la primera etapa y hasta 180 días bajo la figura de falta temporal) para ejecutar la transición y evitar el caos en el país.

En paralelo, Washington impuso una hoja de ruta política y de seguridad: renovación de ministerios (incluido Interior y Justicia), cambios en el Alto Mando Militar, sustitución de autoridades en Fiscalía, Defensoría y Procuraduría, devolución de tarjetas a partidos judicializados, designación de un nuevo directorio del CNE y convocatoria a elecciones presidenciales y parlamentarias. En síntesis, un intento de desmantelar o eliminar al demonio inmortal: El famoso Cartel de los Soles (red de corrupción interna al gobierno público venezolano). Altos funcionarios estadounidenses –entre ellos enviados diplomáticos y el director de la CIA– presentaron expedientes y pruebas contra los Rodríguez, dejando claro que la continuidad del respaldo norteamericano y las ventajas diplomáticas dependen de la total cooperación de Delcy y su entorno.
Un lugar al cuál regresar…¡Por una Venezuela democrática y próspera!
Así, la esperanza de millones de venezolanos no puede convertirse en moneda de cambio geopolítica. Si bien la captura de Maduro y la apertura a inversiones ofrecen una ventana para reconstruir el país, la verdadera medida del éxito será la restauración de instituciones autónomas, la justicia para las víctimas de la corrupción y la garantía de derechos civiles sin condicionamientos externos. Recuperar a PDVSA y las finanzas públicas debe ir acompañado de transparencia, control ciudadano y reparación social, no de privatizaciones oscuras ni de dependencias que repitan viejos patrones. Solo una transición que priorice la democracia sustantiva –elecciones libres, libertad de prensa, independencia judicial y retorno seguro para la diáspora– podrá convertir el alivio momentáneo en un hogar digno y estable para quienes hoy esperan volver.
Este es el final de una nota de opinión, pero no del camino que Venezuela recién está empezando y que ahora, con esta chispa de esperanza, está dispuesta a luchar más que nunca, el camino por la libertad, por la esperanza.
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