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El poderoso Senado venidero: riesgos y desafíos para la democracia

Durante la última década, el sistema político peruano ha estado marcado por una constante inestabilidad institucional. Presidentes que no terminan sus mandatos, enfrentamientos entre poderes del Estado y una ciudadanía cada vez más desconfiada han definido el panorama político reciente. En medio de este contexto, el Congreso aprobó el retorno a la bicameralidad para las elecciones de 2026, restableciendo una Cámara de Diputados y una Cámara de Senadores.


Sin embargo, el nuevo Senado no será solo un órgano revisor. Diversos análisis periodísticos advierten que su diseño institucional le otorgará atribuciones que podrían convertirlo en uno de los poderes más influyentes del sistema político peruano. Tendrá capacidad para revisar leyes, designar autoridades fundamentales del Estado y ejercer un control político significativo sobre el Ejecutivo.


Por ello, algunos medios han comenzado a describirlo como un posible “super Senado”. El problema no es la existencia de una cámara alta en sí misma —muchas democracias funcionan con sistemas bicamerales— sino el contexto político en el que esta institución surge y el grado de poder que concentrará. En un país donde el Congreso ya es percibido como dominante frente al Ejecutivo, la creación de una cámara con mayor estabilidad y autoridad abre un debate inevitable sobre el equilibrio de poderes y el futuro de la democracia peruana.


El poderoso Legislativo (La República, 2026)
El poderoso Legislativo (La República, 2026)

Un Senado con la última palabra


El retorno de la bicameralidad introduce un cambio importante en el proceso legislativo. A partir de 2026, la Cámara de Diputados podrá presentar y debatir proyectos de ley, pero el Senado tendrá la facultad de revisarlos y decidir su destino final.


En la práctica, esto significa que la Cámara Alta podrá aprobar, modificar o rechazar las propuestas provenientes de los diputados. Según diversos análisis, esta capacidad le otorga al Senado la última palabra en la elaboración de leyes, convirtiéndolo en el principal filtro del proceso legislativo (Perú21, 2026).


Además, el Senado contará con una ventaja institucional significativa: no podrá ser disuelto por el presidente de la República. Mientras que la Cámara de Diputados sí puede ser objeto de disolución en determinadas circunstancias, la Cámara Alta tendrá una mayor estabilidad política. Esto refuerza su autonomía frente al Ejecutivo y consolida su posición dentro del sistema político.


En teoría, esta estructura busca mejorar la calidad de las leyes mediante una segunda revisión más técnica. Sin embargo, en la práctica también puede generar un desequilibrio dentro del propio Congreso, donde una cámara tenga más capacidad real de decisión que la otra.


Solo 60 senadores: la concentración del poder


Otro aspecto que ha generado debate es la concentración de poder en un número reducido de legisladores. El nuevo Senado estará conformado por 60 integrantes, quienes no solo revisarán leyes, sino que también participarán en la designación de autoridades clave del Estado.


Entre sus atribuciones se encuentra la elección de los magistrados del Tribunal Constitucional, del defensor del Pueblo y del contralor general de la República. Asimismo, los senadores podrán ratificar al presidente del Banco Central de Reserva y elegir a parte de su directorio (La República, 2025).


El reportaje Monstruo grande de Hildebrandt en sus 13 advierte que este diseño institucional podría concentrar demasiado poder en un grupo pequeño de políticos. La constitucionalista Beatriz Ramírez señala que “esas 60 personas van a tener la palabra definitiva sobre normas, el control político y la selección de las autoridades públicas” .


En otras palabras, el poder legislativo que actualmente ejercen más de un centenar de congresistas podría terminar concentrándose en una cámara mucho más reducida. Este escenario plantea interrogantes importantes sobre la distribución del poder político y la capacidad de control dentro del sistema democrático.


Un Congreso fuerte frente a un Ejecutivo débil


El debate sobre el nuevo Senado se vuelve aún más relevante cuando se observa el contexto político actual. Diversas encuestas muestran que la ciudadanía ya percibe al Congreso como el actor dominante en la política peruana.


Según un estudio de Ipsos publicado por Perú21, el 64% de los peruanos considera que el Congreso tiene más poder que la presidenta de la República, mientras que solo un 29% cree que el Ejecutivo mantiene mayor control (Ipsos, 2024).


Esta percepción refleja una preocupación creciente sobre el papel que ha asumido el Parlamento en los últimos años. Para muchos ciudadanos, el Congreso ha logrado imponer su agenda política incluso frente al gobierno.


El reportaje de Hildebrandt en sus 13 señala que el nuevo Senado podría fortalecer aún más esta tendencia. De acuerdo con el constitucionalista José Naupari, la Cámara Alta tendrá control sobre decretos emitidos por el Ejecutivo y no podrá ser disuelta por el presidente (Hildebrandt en sus 13, 2026).


Además, el reglamento aprobado permitiría destituir a un presidente con el voto de 40 senadores en determinadas circunstancias. Esto demuestra el peso político que tendrá esta institución dentro del sistema democrático peruano.


Un Senado nacido de una reforma discutida


El proceso político mediante el cual se aprobó la restitución del Senado también ha sido objeto de debate. Según el reportaje de Hildebrandt en sus 13, la propuesta fue impulsada por diversas bancadas del Congreso que presentaron iniciativas legislativas entre 2021 y 2022.


El proyecto finalmente fue aprobado en 2024 tras varios intentos fallidos. No obstante, algunos críticos señalaron que una reforma constitucional de esta magnitud debió ser consultada mediante referéndum, ya que implicaba modificar más de cincuenta artículos de la Constitución.


La congresista Ruth Luque sostuvo que muchos parlamentarios evitaron esa consulta porque sabían que la reforma era impopular. Desde esta perspectiva, el nuevo Senado habría sido diseñado en gran medida por las propias fuerzas políticas que hoy controlan el Congreso (Hildebrandt en sus 13, 2026).


Una decisión que dependerá de los ciudadanos


El retorno del Senado representa una de las reformas institucionales más importantes del Perú en las últimas décadas. Sus amplias atribuciones en materia legislativa, de fiscalización y de designación de autoridades lo convierten en un actor central dentro del sistema político.


Sin embargo, el impacto real de esta institución dependerá de quiénes lleguen a ocupar esos escaños. Un Senado integrado por representantes preparados y comprometidos con el interés público podría contribuir a mejorar la calidad de las leyes y fortalecer la democracia.


Por el contrario, si esta cámara reproduce las prácticas que han deteriorado la imagen del Congreso en los últimos años, el llamado “super Senado” podría terminar concentrando demasiado poder sin resolver los problemas de representación que enfrenta el país.

En última instancia, el futuro del Senado —y en buena medida el del sistema político peruano— dependerá de la decisión de los ciudadanos en las próximas elecciones.



Referencias

Ipsos. (2024). Para el 64% de peruanos el Congreso tiene más poder que la presidenta. https://www.ipsos.com/es-pe/para-el-64-de-peruanos-el-congreso-tiene-mas-poder-que-la-presidenta 

Torres, A. (2026). El Senado superpoderoso. Perú21. https://peru21.pe/opinion/alfredo-torres-el-senado-superpoderoso/ 

Hildebrandt en sus 13. (2026). Monstruo grande. https://www.hildebrandtensustrece.com/reportaje/articulo/2859 


 
 
 

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