“Debí tirar más fotos”: espectáculo, activismo y los límites del gesto político
- Angela Fernández
- 13 feb
- 5 Min. de lectura
Cuando vimos a Bad Bunny presentarse en el Super Bowl no asistimos únicamente a un espectáculo de medio tiempo, presenciamos una irrupción cultural con implicancias políticas evidentes. La decisión consciente de ocupar uno de los escenarios más influyentes de Estados Unidos para cantar en español, sin traducciones ni concesiones, fue una declaración de existencia. (Imagen principal)
Se afirmó que la experiencia latina no es un adorno multicultural sino una presencia viva que resiste y reclama espacio. Que haya sido el primer latinoamericano en realizar una presentación en solitario en ese escenario y el primer latino en ganar el Grammy a Álbum del Año no son datos anecdóticos, son hitos que evidencian un desplazamiento simbólico en el centro mismo de la industria cultural.

u presentación, atravesada por la construcción narrativa de su último álbum y por referencias a la experiencia migrante, funcionó como un gesto de activismo frente a las políticas del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) y en defensa de la dignidad de quienes cruzan fronteras. En un contexto de endurecimiento migratorio y de normalización de la violencia, cantar en español fue una afirmación política que no buscó suavizar su identidad para hacerla aceptable. Paralelamente, los Grammy 2026 estuvieron marcados por discursos y pines con la consigna “ICE OUT”, la imagen fue poderosa, pero nos preguntamos si la potencia simbólica es suficiente.
Este texto surge de esa tensión entre celebración y exigencia, entre reconocimiento histórico y necesidad de profundidad…
Cantar en español
Frase principal: Nuestra lengua no es un accesorio folclórico sino un espacio de memoria, conflicto y afirmación.

Presentar un espectáculo completamente en español en el Super Bowl no fue una elección estética, fue una toma de posición en el corazón simbólico de una nación que ha construido su identidad también a partir de la exclusión.
Durante décadas, la cultura latina fue aceptada en la medida en que se tradujera, en la medida en que se hiciera cómoda. Negarse a traducirse fue, en ese sentido, una forma de disputar pertenencia.
El álbum que sostiene la puesta en escena está atravesado por la identidad puertorriqueña y por la relación colonial con Estados Unidos. Llevar esa narrativa al escenario más visto del país tensiona el imaginario de quién tiene derecho a ocupar el centro. En un momento en que el ICE intensifica detenciones, en tanto que se han reportado muertes vinculadas a operativos migratorios, la dimensión ética del gesto se vuelve ineludible.
En la misma línea, Butler ha señalado que existen vidas que no son consideradas “dignas de duelo”, es decir, vidas cuya pérdida no genera conmoción pública ni reconocimiento colectivo. Esa idea nos interpela con fuerza cuando pensamos en los migrantes cuya muerte apenas ocupa un titular

La presentación no resolvió la violencia estructural, pero interrumpió la indiferencia. Recordó que detrás de cada cifra hay cuerpos y trayectorias.
Frase secundaria: Allí radica su fuerza: en haber hecho visible lo que con frecuencia se invisibiliza, en haber colocado nuestra lengua y nuestra experiencia en un espacio que históricamente no nos pertenecía.
El activismo visible y sus límites: ¿Cállate y canta?
Frase principal: El foco se concentra en la celebridad y no en la estructura que produce la exclusión. La consigna se vuelve tendencia y corre el riesgo de perder densidad.
Los Grammy 2026 mostraron una industria cultural consciente del clima político. Discursos encendidos y pines con la frase “ICE OUT” circularon como signos de posicionamiento. Se agradece que, en un contexto de miedo y persecución, figuras públicas utilicen su visibilidad para denunciar la violencia. El silencio también es una forma de complicidad y no podemos ignorarlo.

Sin embargo, también se advierte un riesgo. Cuando el activismo se despliega exclusivamente desde escenarios producidos por las élites, puede volverse una estética de la indignación más que un compromiso sostenido.
Muchas veces se cree que un artista no tiene la responsabilidad de ser político (y mucho menos un reguetonero como Bad Bunny), pero la música ha demostrado históricamente ser una herramienta política muy importante y lo sabemos después de haber contemplado movimientos rock y punk, así como haber sido testigos de la trascendencia de figuras como Víctor Jara durante la dictadura chilena. El problema no es que el arte se politice, el problema es cuando la politización se reduce a gesto.
Frase secundaria: Si reconocemos que el arte tiene poder, también debemos exigir coherencia entre discurso y acción. El desafío no es abandonar el símbolo, sino impedir que se vacíe.
¿Por qué esto nos concierne?
Frase principal: Si normalizamos la criminalización en el norte, facilitaremos su réplica en el sur.
Podría parecer que la política migratoria estadounidense es un asunto interno, pero nuestra historia regional demuestra que las decisiones de ese país rara vez se circunscriben a sus fronteras. El intervencionismo ha marcado la trayectoria latinoamericana y hoy reaparece bajo nuevos discursos. El anuncio de una renovada doctrina Monroe y el respaldo a figuras de extrema derecha evidencian que América Latina continúa siendo pensada como zona de influencia estratégica.

En Argentina, por ejemplo, Javier Milei ha reproducido narrativas migratorias que siguen el viejo esquema del padre ejemplar estadounidense, ahora dirigido contra migrantes venezolanos. La exclusión no reconoce fronteras y la violencia simbólica circula con rapidez. Por eso este debate no es ajeno, nos atraviesa como región y como comunidad cultural.
En una era de globalización y redes sociales, los escenarios internacionales son también espacios de disputa política. Cuando un artista latino llena un estadio global, no solo exporta entretenimiento, exporta relato. Como consumidores, no podemos conformarnos con la estética de la rebeldía. Debemos cultivar una mirada crítica que distinga entre visibilidad y transformación.
Frase secundaria: Nos corresponde sostener la conversación más allá del evento: convertir la emoción colectiva en conciencia política.
Conclusión: “Nadie sabe lo que va a pasar mañana”: el primer paso no es el último
Se agradece a Benito por haber sido el primero en ocupar ese espacio en solitario y en llevar la representación latina más allá de la superficie. Colocar el español en el centro del espectáculo más visto de Estados Unidos, en un momento de persecución migratoria, fue un acto significativo que abrió conversación y desplazó imaginarios.
Al mismo tiempo, la admiración no debe anular la crítica. Si el problema migratorio implica muertes, detenciones arbitrarias y vidas consideradas prescindibles, el activismo cultural no puede agotarse en la ovación. La visibilidad es un punto de partida, no un destino. Celebrar la representación sin exigir transformación corre el riesgo de convertir la lucha en mercancía cultural.
Esa noche el llamado “patio trasero” se escuchó en español y sin pedir disculpas. Ahora nos corresponde decidir si esa intervención será un episodio aislado o el comienzo de una exigencia colectiva más profunda. Se reconoce el gesto, se valora el avance, pero también se entiende que el verdadero desafío consiste en sostener la incomodidad y convertir el espectáculo en conciencia.
Referencias
ACI Prensa. (2026, febrero 13). Show de Bad Bunny en el Super Bowl genera debate.
Butler, Judith. Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Buenos Aires: Paidós, 2010.
The New York Times. (2026, febrero 2). Grammy Awards spotlight protests against ICE under Trump-era immigration policies.




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